Wall Street, ¿avanza o retrocede?

  • Fecha: 2017-06-12
  • País: USA

El Dow Jones Industrial trepó el 0,4% el viernes y cerró en lorécord. El Nasdaq 100 amaneció en nuevos máximos, propulsado por un aluvión de compras, pero la realidad lo bajó de un hondazo sin contemplaciones. Cuando tocó la campana, se habían operado más de 105 millones de acciones -el mayor volumen desde l a corrección de agosto de 2015- y los precios sellaron un derrumbe de 2,4%. Los papeles del selecto club FANG (Facebook, Amazon, Netflix y la ex Google, hoy Alphabet) -que por sí solos explican la parte del león del rally de Wall Street- sufrieron un vertiginoso Big Bang. ¿Se acabó la fiesta? ¿Comienza, por fin, la meneada corrección? ¿O es algo peor, quizás siniestro? Jim Rogers, el inversor que fuera socio de George Soros años atrás, sostiene que la próxima crisis será la peor de su vida (y ha peregrinado todas las del último medio siglo). Que el mundo es un volcán no es novedad para nadie. ¿Cómo podría la Bolsa permanecer al margen, y todavía más, prosperar sin límites? Y, sin embargo, es la trama vigente, la historia en curso aun contabilizando este reciente tropiezo.

El Dow Jones en los récords y el Nasdaq partido por un rayo. Tropezón no es caída, pero aquí conviven al mismo tiempo las dos caras de la moneda. El éxito y la frustración. ¿Es una corrección, entonces? ¿O mera rotación? Muy brusca, por cierto, pero sin el énfasis puesto en la destrucción de valor, sino en una recomposición veloz de cartera. Yira, yira. Se desmoronan las acciones tecnológicas, pero avanzan, con similar estrépito, las de energía. Y resurgen vibrantes los bancos. No hubo mayormente fuga de la Bolsa, sino una reacción en cadena, un fuerte reacomodamiento de fichas en su interior. En rigor, la migración de electrones sigue una ruta clara (y estabilizante). De los sectores que burbujean a los que venían a la zaga. ¿Se podrá contener el movimiento tectónico allí, o, por culpa de los violentos desplazamientos, se rajarán las paredes y abrirán filtraciones? La rotación convulsiva bien puede ser el primer paso de una corrección que se incuba hace tiempo, y acumula argumentos, pero precisa de una baja de las defensas, un aumento de la aversión al riesgo, para hacer masa crítica y expandirse.

Mayo fue espectacular. El consabido Sell in May no se presentó a la cita. Al mal tiempo geopolítico, muy buena cara. ¿Habrá, en cambio, un Sell in June? Se temía que el Superjueves le abriese una puerta. Y, sin embargo, pasaron el titular del BCE, Mario Draghi (sabemos que no molestará), el exdirector del FBI Robert Comey (sabemos exactamente lo mismo que ya sabíamos, y es un alivio) y la votación en Gran Bretaña (donde quizás sí se produzca el Selling May), y hubo ruido, pero nada de nueces, sino la mencionada catarata de récords. ¿Qué fue lo que provocó el temblor? La anécdota dirá que un comentario de Goldman Sachs acerca del peligro de enfrentar un pozo de aire en la hoja de ruta alcista de las FANG. Wall Street, aunque no se quiera creer, es un alma sensible. Puede no perturbarlo que el mundo estalle en mil pedazos, pero tomarse muy a pecho la inquietud por una probable turbulencia. Y que no se convierta en la idea fija. Ya escribimos sobre la pulseada entre acciones y bonos, la sombra fatídica de la caída de las tasas largas y el aplanamiento de la curva de rendimientos, y su secuela de lenta erosión de la confianza. Semioculta, la buena noticia de esta semana es que la tasa de diez años volvió a trepar (y cerró en 2,20%). ¿Se debilita la economía? ¿O, más allá del zigzag de los indicadores recientes, preserva la solidez de fondo? Que venga pronto la Fed a zanjar la disputa. Nunca mejor elegida la fecha de su reunión. Que el miércoles suba la tasa corta, la encarame un cuarto de punto al rango entre 1% y 1,25%, sin titubeos ni excusas, y así confirme que se pisa tierra firme. Porque si no lo hace, si se cruza de brazos, ahí sí tendremos jaleo. Los osos merodean y se nos vendrán encima. Que ice el banderín de los fed funds y nos dé, a la par, tranquilidad y un recreo hasta diciembre. Que los toros están cansados. Recordar el resbalón súbito del 17 de mayo que fue un primer aviso fugaz. El del viernes es el segundo desmayo en menos de un mes. Un signo inconfundible de la fatiga por estrés.

 

FUENTE: ambito.com