La Unión Europea y China hacen frente común contra Trump

  • Fecha: 2018-07-17
  • País: Worldwide

«La arquitectura del mundo está cambiando y es nuestra obligación lograr que ese cambio sea para mejor». El presidente de la Unión Europea, Donald Tusk, se dirigió así a Donald Trump al inicio de la cumbre sino-europea celebrada este lunes en Pekín. Tusk advirtió que la guerra comercial iniciada por el presidente estadounidense contra China puede provocar «graves problemas» en todo el mundo, y aprovechó para señalar que Trump parece empecinado en «destruir el orden actual». Muestra de ello, dejó caer Tusk, es la reunión que el mandatario americano mantuvo con su homólogo Vladimir Putin en Helsinki justo después de haber afirmado que la UE es su «mayor enemigo, por lo que le hace a Estados Unidos en el Comercio».

 

A pesar de la delicada situación provocada por la guerra comercial entre las dos superpotencias mundiales, Tusk afirmó que todavía es posible prevenir «mayores conflictos y caos» en el comercio mundial. Para ello, añadió, es necesario que todos participen en una reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y que, posteriormente, acaten sus normas. «No hay que declarar guerras comerciales, hay que reformar con valentía y responsabilidad el orden internacional basado en reglas».

 

A juzgar por el comunicado conjunto que firmaron por la tarde los representantes de la UE y de China, el primero en tres años, la sintonía con Pekín es mucho mayor que con Washington. No en vano, entre los 44 puntos del extenso documento se encuentran el «compromiso con la creación de una economía mundial abierta, con la mejora de la situación en la que se encuentran el comercio y la inversión, y contra el proteccionismo y la unilateralidad en la toma de decisiones». La UE y China afirmaron que el comercio global debe ser multilateral y ha de estar gobernado por la OMC.

 

Por su parte, el primer ministro chino, Li Keqiang, reafirmó su interés por llegar con Estados Unidos a un acuerdo que cada vez parece más lejano. «China no quiere una guerra comercial porque nadie sale victorioso de ella», apostilló. No obstante, consciente de que la balanza comercial del gigante asiático está siempre excesivamente escorada a su favor, Li también se comprometió a tratar de equilibrarla reduciendo aranceles a productos europeos y facilitando el acceso de las empresas del Viejo Continente al mercado local. «También prohibimos la trasferencia tecnológica forzada y defendemos la propiedad intelectual», subrayó.

 

Desafortunadamente, a pesar de que China ha querido demostrar su buena voluntad con el visto bueno a la compra de una planta petroquímica de BASF por unos 10.000 millones de dólares, estas promesas no son nuevas. Y las estadísticas dejan en evidencia que el superávit chino con la UE, su principal socio comercial, continúa siendo especialmente abultado: el año pasado, Pekín importó productos europeos por valor de 198.000 millones de euros y exportó 375.000 millones. Es una relación más equilibrada que la que mantiene con Estados Unidos, pero sigue siendo un punto de fricción importante, como dejan en evidencia las críticas que la Cámara de Comercio Europea hace en sus informes anuales.

 

«Podemos hacer mucho más. La inversión extranjera directa de la UE cayó a un mínimo récord de 6.000 millones de euros en 2017. En contraste, la inversión china en la UE alcanzó los 30.000 millones. Esta brecha refleja la preocupación de nuestros inversores por la losa administrativa y regulatoria que lastra a muchas empresas europeas en China», disparó Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea. «Europa quiere invertir más, pero con unas reglas que sean justas para todos».

 

Ahora, con el sonido de los tambores de guerra de Trump acercándose, puede que Pekín se avenga a abrir un poco más sus puertas. Pero lo cierto es que no le ha ido mal con ellas casi cerradas. De hecho, este lunes se conocieron también los datos del crecimiento de la segunda potencia mundial en la primera mitad del año: un 6,8%. En el segundo trimestre, China aflojó un poco el paso, pero solo una décima. Así que ha registrado ya 12 trimestres seguidos con una expansión entre el 6,7% y el 6,9%, una velocidad de crucero que para sí querría la mayoría de los países del mundo.

 

No obstante, el tercer trimestre puede ser más complicado, ya que reflejará el impacto de los aranceles estadounidenses. Afortunadamente para Pekín, el consumo interno proporciona ya el 78,5% del crecimiento, un dato que demuestra cómo China se ha ido librando rápidamente de su dependencia del comercio exterior. Y, por eso, el responsable del Buró Nacional de Estadísticas, Mao Shengyong, vaticinó una segunda mitad del año en líneas similares, aunque reconoció que las fricciones comerciales con Estados Unidos «afectarán a la recuperación global y al crecimiento sostenible del comercio mundial».

Fuente: http://www.finanzas.com/noticias/economia/20180717/union-europea-china-hacen-3876720.html